ORÍGENES

Nacido en la Mixteca alta, en el municipio de San Andrés Lagunas, Distrito de Teposcolula, en el Estado de Oaxaca.
Gilberto Ortiz es integrante de una familia de diez hermanos y exquisitas raíces indígenas, cuando niño, aprendió a arar la tierra y a disfrutar del contacto con la increíble naturaleza que lo rodeaba, deleitándose con sierras verdes inexploradas, días azules y noches estrelladas, respirando un aire tan puro como melodioso, al igual que aquel violín que reproducía los sonidos más bellos interpretados por su padre, que, además de tocar aquellas notas, narraba las historias más extraordinarias de sus antepasados. Como aquélla, en donde de la puya del maguey el abuelo cortaba las agujas y les hacia un orificio para después sacar el ixtle, el cual utilizaba como fibra para elaborar los calzones de manta que usaban los Mixtecos.
Viviendo y arando la tierra que lo vio nacer, su vida cambió de manera cruda cuando por un conflicto político tuvo que huir de San Andrés Lagunas. El motivo fue el intento de linchamiento del presidente municipal, Florentino Guzmán Cruz, al cual su padre, Don Gilberto, ayudó a escapar, vistiéndolo de mujer y alejándolo del municipio. La gente, al darse cuenta de tal hecho, inmediatamente intentó asesinar a Gilberto y a su familia, los cuales lograron escapar a tiempo.

Después de este desgarrador capítulo en su vida, Gilberto llegó a la Ciudad de México en el año de 1965, con tan sólo 12 años, y es ahí, donde empieza la aventura más apasionante de su vida.

Al caminar por las pobladas calles del centro de la Ciudad, Gilberto se sorprendió al ver que toda la gente que circulaba estaba vestida con trajes, sombreros y bastón. De aparador en aparador, Gilberto descubre algo: la elegancia, el porte, el lujo. Es en ese momento, empieza a recorrer las sastrerías buscando la oportunidad de aprender tan exquisito oficio y es cuando se da cuenta que detrás de aquellos cristales, donde se exhibían piezas tan perfectas y únicas, había rechazo y humillación debido a sus raíces indígenas. Jamás borrará de su memoria que en aquella ocasión, además de lidiar con el repudio y el desprecio, pasó la noche debajo de un puente, solo, descalzo, en el olvido.

No todo sería oscuro en la vida de Gilberto, después de experimentar el rechazo de otros sastres, se encontró con el maestro alemán José Schroeder, que le permitió limpiar el taller y hacer labores a cambio de una comida al día. Con el paso del tiempo Schroeder decidió hacerlo su aprendiz e instruirlo completamente en el arte de sastrería. Y así, después de 6 años, Gilberto se conviertió en sastre y asistente de Schroeder. Ya como asistente, conoció y trabajó con personalidades del medio artístico, político, académico y empresarial.
Al concluir su periodo de aprendizaje con aquel sastre alemán (1971), Gilberto tomó su propio camino. Empezó en La casa Calanchinis (San Ángel), donde se cultivaría con maestros italianos. Después de esa etapa, inició un nuevo reto: trabajar en la Casa Bambara; y así, llegaron varias oportunidades de crecimiento, en donde Gilberto hizo amistades, clientes, pero sobre todo, logró consolidarse como sastre.
Después de dos años de trabajo, Gilberto es descubierto por uno de los grandes empresarios de boutiques de alta costura en México, Don Alberto Poo Collado (el cual mandaba a hacer su ropa con el sastre que vestía al Rey de España). Empresario clave en la vida de Gilberto, ya que además de escogerlo como su sastre, le brindó la increíble oportunidad de dirigir sus boutiques más exclusivas en la Ciudad de México, “Diseños Franco Proclama” (en Polanco), “Piero Baldi” (en la Zona Rosa) y “Arredondo” (en San Ángel), a pesar de que aquellas boutiques tenían como representantes a Maestros Italianos y Españoles, Gilberto estaba a cargo de todo, y aun así, no era reconocido como el Maestro Sastre al mando.
Hasta después de muchos años, Gilberto empezó a ser reconocido entre los clientes de Poo Collado como el gran Maestro Sastre que es.
Tras años de desvelos, esfuerzos y perseverancia, finalmente en el año de 1990 llegó por fin su sueño, tener su propia sastrería llamada “Gilberto Ortiz”, y ahí comenzó su legado, desarrollándose y transmitiendo su conocimiento a sus hijos, Darío y Alejandro. La Casa Gilberto Ortiz comenzó a llamar la atención de espectadores y clientes de talla internacional, por la calidad y el lujo inigualables de sus trajes.

Veinte años después, llegó la oportunidad que lo colocaría como uno de los mejores sastres del mundo, la casa belga de telas SCABAL, lanzó una convocatoria para que sastres del todo el mundo vistieran un maniquí y de esa forma seleccionaran al mejor sastre a nivel mundial. Se dio un tiempo límite de tres meses para enviar el maniquí. Los resultados se dieron a conocer casi un año después, en abril de 2011, y fue donde Gilberto supo que había sido el ganador del concurso donde compitieron 52 países. El primer lugar lo compartió con el inglés Richard Anderson (sastre de la reina Isabel II) y el italiano Corneliani.

Ante tal reconocimiento, en el 2012, la Casa inglesa Holland & Sherry invitó a Gilberto a Inglaterra para conocer el mundo de la sastrería del viejo continente. Pasó por París, Londres, Edimburgo, Bradford, Peebles y Saint Andrews, lugares donde profundizó su conocimiento en la sastrería a lado de los sastres de la famosa calle Savile Row (Londres), entre ellos, Richard Anderson, con quien compartió ideas.

Actualmente, Gilberto Ortiz se encuentra en su sastrería,
Casa Gilberto Ortiz e Hijos, donde tiene muchos proyectos
para seguir evolucionando el increíble arte de la
sastrería, entre ellos, introducir sus trajes en las grandes
ciudades cuna de la sastrería.